No consumía para escapar. Consumía para rendir.
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Las Voces del Faro20 de Junio, 2026

No consumía para escapar. Consumía para rendir.

Andrés tenía empresa, familia y todo bajo control por fuera. Por eso tardó años en pedir ayuda.

*Estas historias están basadas en experiencias reales y se publican con la autorización de sus protagonistas. Para proteger su intimidad, los nombres, las imágenes y algunos detalles identificativos han sido modificados, preservando siempre la esencia de cada proceso.

Andrés tiene 38 años.

La conoció hace ocho años, en una época en la que todo le costaba: hablar en reuniones, sonreír sin esfuerzo, sostener una conversación sin sentir que se ahogaba por dentro. La conoció y fue, dice él, amor a primera vista. Lo dice sin ironía, como se habla de alguien que lo cambió todo.

Al principio solo aparecía los fines de semana. Después entre semana, antes de una reunión importante, antes de una cena con gente que no conocía bien. Y después todos los días, porque sin ella Andrés no podía.

No podía trabajar. No podía sonreír. No podía hablar con soltura. No podía rendir. No podía ser el que los demás esperaban que fuera.

"Fue mi amante durante años," dijo en la primera consulta. "La palabra exacta es esa. No la escondía porque me diera vergüenza el consumo en sí. La escondía porque era lo más importante de mi vida y nadie podía saberlo."

Mentí. Oculté. Escapé. Esas fueron sus palabras, en ese orden, como si las hubiera ordenado muchas veces por dentro antes de decirlas en voz alta.

Mentía sobre dónde había estado. Ocultaba cuánto necesitaba. Escapaba de cualquier conversación que se acercara demasiado a la verdad.

Y supo desde el principio que no iba a terminar bien.

"Siempre lo supe," dijo. "Desde la primera vez. Lo supe y seguí igual. Eso es lo que no consigo explicarle a nadie: que no fue ignorancia. Fue elegir, una y otra vez, algo que sabía que me iba a costar todo."

Despacho ordenado al anochecer, una luz encendida, ambiente sobrio

Andrés no encajaba en la imagen que la gente tiene de alguien con un problema de consumo.

Tenía empresa. Reuniones, viajes, responsabilidades que cumplía con una precisión casi obsesiva. Pagaba el colegio de sus hijos. Llegaba puntual a todas partes. Por fuera, todo funcionaba.

Por eso tardó tanto en pedir ayuda. Porque la imagen que tenía de "alguien con un problema" era la de quien pierde el trabajo, no sostiene nada, se le nota desde lejos. Andrés sostenía todo. Demasiado bien, de hecho. Y esa misma capacidad de sostener fue lo que le permitió esconderse durante años, incluso de sí mismo.

"No consumía para escapar," dijo. "Consumía para rendir. Para estar a la altura. Para que nadie notara que por dentro me caía a pedazos."

"¿Cuándo empezaste a notar que algo se rompía?" le pregunté.

Lo pensó un momento.

"Mi hijo me preguntó una vez si estaba enfadado con él. No lo estaba. Estaba lejos. Estaba con ella, en mi cabeza, aunque estuviera sentado a su lado."

La frase se quedó en el aire.

Porque eso es lo que hace un consumo funcional, lo que lo vuelve tan difícil de ver desde fuera: la persona sigue físicamente en cada sitio donde se la espera, pero una parte de ella —la que de verdad importa— está siempre en otro lado. Con la sustancia. Pensando en la sustancia. Calculando cuándo podrá volver a ella.

"Sabías que no iba a salir bien," le dije. "¿Por qué seguiste?"

"Porque sin ella no sabía quién era yo. Llevaba tanto tiempo necesitándola para todo que ya no recordaba cómo se sentía hablar, trabajar, estar con mi familia, sin tenerla de fondo."

Eso es lo más difícil de soltar en un consumo así. No es solo la sustancia. Es la identidad construida alrededor de ella. Andrés no sabía quién era Andrés sin aquello que durante años había sido su manera de funcionar en el mundo.

Faro encendido al anochecer, luz cálida orientando en la oscuridad

Lo que pasó en esa primera conversación no fue que Andrés decidiera dejarlo de un día para otro. Fue algo anterior, y necesario: pudo decir en voz alta, por primera vez, la historia completa. No la versión que contaba a su familia. No la que se contaba a sí mismo para poder seguir funcionando. La verdad entera, con la mentira, el ocultamiento, la huida y la certeza callada de que supo desde el principio cómo terminaba esto.

Decirlo en voz alta no resolvió nada de inmediato.

Pero fue la primera vez en años que Andrés no tuvo que sostener una versión de sí mismo. Y eso, después de tanto tiempo actuando, fue suficiente para empezar.

Si esto te resuena —si conoces el consumo que se sostiene en secreto mientras todo parece funcionar bien—, no hace falta tocar fondo para hablarlo.

Esta historia refleja situaciones como...

Por fuera funcionas bien —trabajo, familia, responsabilidades— mientras por dentro algo se cae a pedazos

Llevas tiempo mintiendo u ocultando sobre dónde estás o qué necesitas

Supiste desde el principio que esto no iba a salir bien y seguiste igual

Necesitas algo para sentirte capaz de trabajar, socializar o estar a la altura

Estás presente físicamente pero una parte de ti está siempre en otro lado

No sabes muy bien quién eres sin eso que llevas tiempo necesitando

Tardas en pedir ayuda porque no encajas en la imagen de "alguien con un problema"

Preguntas y reflexiones sobre esta historia

Orientación clínica

¿Por dónde empezar si te identificas con esto?

Si esto te resuena y estás en Valencia, no hace falta que todo se haya derrumbado para pedir ayuda. En Mi Faro Valencia acompañamos a personas con consumos problemáticos, incluidos quienes siguen funcionando por fuera mientras por dentro ya no pueden más, con un primer encuentro pensado para empezar a decir la verdad completa, sin juicio.

Las Rutas del Faro

La confianza se construye a través de la experiencia real de las personas y familias a quienes acompañamos.

5.0
Hace 2 semanas

"Mi experiencia con Alejandro ha sido muy positiva. Hace unos años pasé por una etapa difícil y me ayudó mucho a salir adelante, siempre muy atento y pendiente incluso entre sesiones. Ahora he vuelto a terapia. Es un gran profesional y transmite mucha cercanía y confianza. Gracias por estar presente🤍"

Andrea P.Verificada
Hace 1 mes

"Alejandro es un gran profesional y gran persona. Llegué a su consulta en un momento complicado y encontré un profesional que me ayudó a ver las cosas con más claridad. Me sentí muy cómoda durante todo el proceso y he notado cambios muy positivos en mi bienestar y en la forma de afrontar mis problemas gracias a sus consejos. Además, eternamente agradecida por su implicación y dedicación en todo momento. Recomendable al 100%"

María G.Verificada
Hace 2 meses

"Cuando uno piensa que ya no puede más, siempre existe una pequeña luz que es la esperanza, la vida es corta y a veces te lo hace pasar muy mal, encontrar a alguien que te de la mano y te ayude a encauzarte hacia una nueva realidad es la misión de el faro. La gente se pregunta si Los ángeles existen, después de encontrarme por casualidad el faro, no me cabe la menor duda. Si tienes problemas de alcohol, drogas, dependencia a alguna sustancia o simplemente eres codependiente del consumidor…busca aquí tu salvación Gracias Alejandro"

Vicente M.Verificada
Hace 2 meses

"No tengo palabras para agradecer a Ale todo lo que ha hecho por mí. Excelente profesional. Me ayudó a salir del pozo y a caminar de nuevo, devolviéndome la confianza en mí que había perdido. Veo mi evolución y los de mi alrededor son testigos de ello. Gracias Ale por estar ahí!"

MªJosé D.Verificada
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"Recomiendo fuertemente, nos ha ayudado muchísimo. Un trabajo integral junto a la familia. Una calidad humana excepcional. Muchas gracias!"

Alejandro N.Verificada

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