Lucía: "Creía que sin él no iba a poder seguir"
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Las Voces del Faro26 de Julio, 2026

Lucía: "Creía que sin él no iba a poder seguir"

Lo peor no era cuando se iba. Lo peor era el alivio que sentía cuando volvía. Una historia real sobre dependencia emocional y el camino para volver a sostenerse sola.

*Estas historias están basadas en experiencias reales y se publican con la autorización de sus protagonistas. Para proteger su intimidad, los nombres, las imágenes y algunos detalles identificativos han sido modificados, preservando siempre la esencia de cada proceso.

Historia adaptada y escrita porAmparo Pons Ferrer

Lo peor no era cuando se iba.

Lo peor era el alivio que sentía cuando volvía.

El metro frenó en la estación de Ayora. Lucía no se levantó. Se quedó sentada con el teléfono entre las manos, mirando el círculo verde junto al nombre de él en la pantalla. "En línea". No escribía. Ella redactó: ¿Llegaste bien?. Luego borró los caracteres uno a uno, sintiendo cómo el calor le subía por el cuello. Guardó el móvil en el bolso, pero a los diez segundos ya lo tenía otra vez en la mano. El círculo seguía verde. No se bajó en su parada; esperó dos estaciones más antes de darse cuenta de que estaba viajando en dirección contraria.

Ese alivio era una ola cálida que lo borraba todo: las horas de espera mirando la pantalla, la opresión en el pecho durante todo el trayecto de vuelta, las dudas que le daban vueltas en la cabeza mientras caminaba sin rumbo. Cuando él regresaba a casa y le decía que todo estaba bien, Lucía volvía a respirar.

Durante casi tres años, su vida se redujo a esa oscilación constante entre la alarma y el alivio.

—Estás en otra parte, Lucía —le dijo Marta un viernes por la tarde, empujando la taza de café hacia ella en una terraza pequeña cerca de la plaza de la Reina. Lucía forzó una sonrisa y deslizó el teléfono bajo el muslo para no mirar la pantalla. —No, es solo que he dormido mal. —Llevas meses durmiendo mal. Y casi no te vemos. —Estamos con mucho trabajo en la oficina —mintió. Marta la miró de hito en hito, con una mezcla de cansancio y preocupación que Lucía no supo sostener. Desvió la mirada hacia los adoquines.

No todo lo que cuesta dejar es amor.

Un sábado por la tarde, mientras caminaba por el cauce del Turia, se sentó en un banco de madera húmeda. Sacó el teléfono y lo configuró en silencio. Quería probarse a sí misma que podía pasar una tarde sin mirar. A los cinco minutos, el pecho le empezó a oprimir de tal manera que apenas podía tomar aire. Volvió a encender la pantalla. Nada. El vacío que sintió no era tristeza, era una especie de frío físico que le recorría los brazos. Se dio cuenta de que no recordaba la última vez que había leído un libro entero, o que había caminado sin la urgencia de buscar cobertura.

Justificaba cada desplante. Si él desaparecía durante el fin de semana, ella se decía que necesitaba espacio, que su trabajo era estresante. Si él hacía un comentario sobre su ropa o sus amigas, ella pensaba que solo quería cuidarla. —A veces dices cosas que duelen —le dijo una noche en el coche. —Es que eres demasiado blanda, Lucía. Todo te lo tomas a la tremenda —respondió él, encogiéndose de hombros mientras cambiaba de marcha. Ella se calló. Pidió disculpas por haber sacado el tema. En ese momento, disculparse era más fácil que sostener la tensión de su silencio. Se encontraba atrapada en esa duda constante de ¿por qué cuesta tanto salir de una relación que hace daño?, sintiendo que cada vez tenía menos fuerzas.

Una señal importante

Lo que Lucía fue recuperando

  • Dormir sin esperar un mensaje.
  • Recuperar amistades.
  • Volver a leer.
  • Salir a caminar sin mirar el móvil.
  • Tomar decisiones pensando también en ella.

El cambio no empezó con una gran revelación. Buscó ayuda profesional durante semanas, abriendo y cerrando la página de contacto varias veces antes de atreverse a escribir su nombre. El proceso con un psicólogo en Valencia no fue un camino lineal ni sencillo. —La primera semana después de bloquear su número, llamé a su puerta tres veces —le confesó Lucía a su terapeuta en la tercera sesión, sintiendo cómo se le saltaban las lágrimas de vergüenza—. Me sentía como si me faltara el aire.

Hubo momentos de recaída, días en los que la tentación de buscar ese alivio efímero era casi insoportable. Pero poco a poco, Lucía aprendió a tolerar ese vacío. En el espacio de la terapia de pareja o individual, el trabajo consiste precisamente en eso: volver a construir el suelo bajo los propios pies.

No aprendió a dejar de querer. Aprendió a dejar de abandonarse.

A veces todavía mira el móvil por costumbre.

Después sonríe.

Lo guarda.

Y sigue caminando por el Jardín de Ayora.

Una señal importante

A veces el problema no es la otra persona.

Es el miedo a quedarse solo.

Una señal importante

¿Te has sentido identificado con alguna de estas situaciones?

  • Mi estado de ánimo depende de otra persona.
  • Tengo miedo constante a que me abandonen.
  • Justifico cosas que me hacen daño.
  • Me cuesta imaginar mi vida sin esa relación.
  • Siento ansiedad cuando deja de escribirme.

Si varias de estas situaciones te resultan familiares, quizá merezca la pena detenerte y preguntarte cómo estás viviendo esa relación.

Esta historia refleja situaciones como...

Necesitas saber constantemente de esa persona.

Tu estado de ánimo depende de cómo te trate.

Has dejado de hacer cosas importantes por mantener la relación.

Justificas conductas que antes nunca habrías aceptado.

Imaginar terminar la relación te produce ansiedad.

Preguntas y reflexiones sobre esta historia

Orientación clínica

¿Por dónde empezar si te identificas con esto?

A veces pedir ayuda no significa dejar una relación. Significa dejar de desaparecer tú. Si mientras leías esta historia has sentido que algunas frases parecían hablar de ti, quizá este sea un buen momento para recuperar ese espacio. Podemos hablarlo.

Las Rutas del Faro

La confianza se construye a través de la experiencia real de las personas y familias a quienes acompañamos.

5.0
Hace 2 semanas

"Mi experiencia con Alejandro ha sido muy positiva. Hace unos años pasé por una etapa difícil y me ayudó mucho a salir adelante, siempre muy atento y pendiente incluso entre sesiones. Ahora he vuelto a terapia. Es un gran profesional y transmite mucha cercanía y confianza. Gracias por estar presente🤍"

Andrea P.Verificada
Hace 1 mes

"Alejandro es un gran profesional y gran persona. Llegué a su consulta en un momento complicado y encontré un profesional que me ayudó a ver las cosas con más claridad. Me sentí muy cómoda durante todo el proceso y he notado cambios muy positivos en mi bienestar y en la forma de afrontar mis problemas gracias a sus consejos. Además, eternamente agradecida por su implicación y dedicación en todo momento. Recomendable al 100%"

María G.Verificada
Hace 2 meses

"Cuando uno piensa que ya no puede más, siempre existe una pequeña luz que es la esperanza, la vida es corta y a veces te lo hace pasar muy mal, encontrar a alguien que te de la mano y te ayude a encauzarte hacia una nueva realidad es la misión de el faro. La gente se pregunta si Los ángeles existen, después de encontrarme por casualidad el faro, no me cabe la menor duda. Si tienes problemas de alcohol, drogas, dependencia a alguna sustancia o simplemente eres codependiente del consumidor…busca aquí tu salvación Gracias Alejandro"

Vicente M.Verificada
Hace 2 meses

"No tengo palabras para agradecer a Ale todo lo que ha hecho por mí. Excelente profesional. Me ayudó a salir del pozo y a caminar de nuevo, devolviéndome la confianza en mí que había perdido. Veo mi evolución y los de mi alrededor son testigos de ello. Gracias Ale por estar ahí!"

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Alejandro N.Verificada

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