
Nuestra historia
Mi Faro nace de una trayectoria de más de 30 años en salud mental y adicciones. Un camino que comenzó en Argentina y que hoy encuentra en Valencia un espacio de orientación, acompañamiento y construcción de comunidad en torno al desarrollo humano.
El origen en Mar del Plata
1994
En 1994, en Mar del Plata, Argentina, el Padre Daniel Ferrari y Alejandro García abrieron una puerta.
No era una clínica al uso. No era solo un centro. No era un consultorio. Era, desde el principio, una apuesta poco habitual para su tiempo: la convicción de que una persona que sufre no necesita solo un diagnóstico, sino un lugar donde pueda ser mirada, escuchada y acompañada.
Así nació El Faro: como un espacio capaz de poner palabras allí donde durante mucho tiempo solo había silencio o desconcierto.
Cuando el arte entró en escena
Herramientas vivas
Muy pronto hubo algo que quedó claro: la palabra, por sí sola, no siempre basta.
Hay experiencias que no se ordenan únicamente hablando. Hay cosas que empiezan a moverse cuando el cuerpo se mueve, cuando alguien se atreve a sostener la mirada del otro, cuando una escena permite volver a atravesar la propia historia desde otro lugar.
Por eso el teatro llegó a El Faro casi antes que los protocolos. Los talleres de expresión dramática y psicodrama se convirtieron en una de las herramientas más potentes del trabajo terapéutico. No como un recurso secundario, sino como una vía central de reconexión con uno mismo, con el cuerpo, con la historia y con los demás.
Después llegó también el cine. Grupos de personas en proceso escribieron guiones, construyeron escenas, se pusieron delante de una cámara y encontraron una manera nueva de narrar lo vivido. De ahí surgieron cortometrajes nacidos dentro de El Faro que llegaron a festivales nacionales e internacionales, mostrando que cuando el arte nace de una experiencia real tiene una fuerza difícil de sustituir.
Consolidación institucional
30 años de trayectoria
El Faro no creció solo. Creció con otros.
A lo largo de más de treinta años fue tejiendo una red de relaciones institucionales, formativas y humanas que hoy lo sostienen y lo proyectan. Convenios con universidades y espacios de formación en salud mental y trabajo social. Intercambios y colaboraciones con instituciones de Italia, Holanda y otros países europeos. Equipos ampliados, encuentros, aprendizajes y una práctica constante de revisión.
Porque una institución que permanece abierta durante tanto tiempo no es una institución cerrada sobre sí misma. Es una institución que aprende de su propia experiencia, que se reconoce perfectible, que cambia de herramientas cuando es necesario, que escucha, que revisa y que aprende de los procesos de las personas a las que acompaña y de los profesionales con los que trabaja.
El Faro se ha ido construyendo así: como un organismo vivo, en desarrollo constante, que nutre y se deja nutrir.
La llegada a España
Valencia
El camino hasta Valencia no fue lineal.
Antes hubo otros lugares, otras conversaciones y otras formas de imaginar en Europa una manera de trabajar que llevaba décadas madurando. Mallorca fue uno de los primeros lugares donde este proyecto empezó a tomar forma. Después vinieron Madrid, Alicante y, finalmente, Valencia.
En ese recorrido, Mi Faro fue naciendo no como una franquicia ni como una réplica administrativa de lo construido en Argentina, sino como un proyecto propio, con identidad local, sostenido por una trayectoria amplia pero con los pies puestos en la realidad española y, de forma concreta, en Valencia.
Mi Faro nace así: como una nueva etapa de un camino mayor. Un espacio de orientación, acompañamiento y construcción de comunidad en torno a la salud mental, las adicciones, los vínculos y el desarrollo humano.
Una misma pregunta de fondo
El arte sigue formando parte de esta mirada. La red sigue creciendo. Y la pregunta que dio origen a todo continúa intacta:
cómo acompañar a una persona para que pueda recuperar su voz, su lugar y la posibilidad de empezar de nuevo.
Nuestra identidad
Entendemos que los momentos de crisis no se atraviesan en soledad.
Nuestro compromiso es ofrecer un marco profesional, seguro y profundamente humano donde las personas y sus familias puedan encontrar escucha, orientación y un acompañamiento serio para reconstruir vínculos, ordenar lo que duele y recuperar autonomía.
Tanto desde El Faro en Argentina como desde Mi Faro en España, sostenemos una misma mirada: acompañar procesos reales con herramientas sólidas, sensibilidad, creatividad y empatía.
