Paula y Marcos: lo que veían en el otro, lo tenían ellos
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Las Voces del Faro20 de Junio, 2026

Paula y Marcos: lo que veían en el otro, lo tenían ellos.

Once años juntos, no discuten. Pero los dos duermen mal y sienten que algo se rompió sin saber cuándo.

*Estas historias están basadas en experiencias reales y se publican con la autorización de sus protagonistas. Para proteger su intimidad, los nombres, las imágenes y algunos detalles identificativos han sido modificados, preservando siempre la esencia de cada proceso.

Paula y Marcos llevan once años juntos.

No discuten. Fue lo primero que dijeron los dos, casi a la vez, cuando se sentaron por primera vez en la consulta. "No nos peleamos." Lo dijeron casi con orgullo, como si fuera la prueba de que las cosas no estaban tan mal.

Pero los dos dormían mal. Los dos estaban agotados. Y los dos llevaban meses con la sensación de que algo se había roto sin que hubiera pasado nada concreto que lo explicara. No había una crisis, ni una traición, ni una pelea de la que pudieran señalar la fecha. Solo una distancia que se había ido instalando despacio, hasta volverse el clima normal de la casa.

"Ella no tiene empatía," dijo Marcos en un momento. "Es egoísta. Hace lo que quiere y no piensa en cómo me afecta a mí."

Paula no lo miró. Tenía la vista fija en un punto del suelo.

"Él no me respeta," dijo después, cuando le tocó hablar. "No me cuida. Nunca pregunta cómo estoy. Solo habla de lo que necesita él."

Dos acusaciones. Cada una con su lógica. Cada una sostenida con la convicción de quien lleva tiempo viviendo dentro de esa historia y ya no consigue ver otra.

Lo que ninguno de los dos veía era el espejo.

Dos tazas de café sobre una mesa de madera, una luz de ventana

Marcos no tenía empatía con Paula. Pero tampoco la tenía consigo mismo. Trabajaba hasta tarde, no descansaba, no se permitía parar, y cuando llegaba a casa no le quedaba nada para dar. No porque no quisiera, sino porque no le quedaba. Se exigía sin tregua y luego no entendía por qué no podía estar presente para ella.

Paula no respetaba el espacio de Marcos. Pero tampoco respetaba el suyo. Decía que sí a todo lo que le pedían —el trabajo, la familia, las amigas— y llegaba a casa sin energía, resentida, sintiendo que nadie la cuidaba a ella mientras ella cuidaba a todos, él incluido.

Los dos tenían carácter. Los dos sabían defender su posición con buenos argumentos. Y los dos, sin darse cuenta, estaban describiendo en el otro exactamente lo que no podían reconocer en sí mismos. Cada uno señalaba en su pareja la herida que no se atrevía a mirarse.

"¿Cuándo fue la última vez que descansaste de verdad?" le pregunté a Marcos.

Lo pensó.

"No sé. Hace mucho."

"¿Y tú?" le pregunté a Paula. "¿Cuándo fue la última vez que dijiste que no a algo que no querías hacer?"

Tampoco lo recordaba.

Ahí empezó a moverse algo. Porque ya no estábamos hablando de quién tenía razón. Estábamos hablando de dos personas exhaustas que habían dejado de cuidarse a sí mismas hacía tanto tiempo que ya no sabían cómo cuidar al otro. Y que, sin esa energía, habían empezado a leer el cansancio del otro como desinterés. La falta de paciencia como falta de amor. El silencio como abandono.

No estaban dejando de quererse. Estaban los dos, por separado, sin recursos. Y dos personas sin recursos, conviviendo, terminan pidiéndose mutuamente algo que ninguno de los dos tiene para dar.

Faro al amanecer con luz cálida sobre el mar en calma

"Yo pensé que el problema era que él había cambiado," dijo Paula más adelante. "Pero a lo mejor el problema es que los dos dejamos de cuidarnos, y eso se nota en cómo nos tratamos."

Marcos no dijo nada. Pero algo en su postura cambió. Por primera vez en la sesión, no estaba defendiéndose.

Eso no resolvió once años de patrones en una tarde, y nadie esperaba que lo hiciera. Pero abrió una grieta en una historia que hasta ese momento parecía cerrada: la de "el problema es él" o "el problema es ella". Empezaron a poder preguntarse, cada uno por su lado, qué parte de lo que veían en el otro vivía también en ellos mismos.

Y esa pregunta —sencilla y difícil a la vez— fue la que empezó a cambiar algo entre los dos.

Si esto te resuena —si sientes que una pareja deja de discutir pero también deja de hablarse—, no hace falta esperar a que se rompa del todo.

Esta historia refleja situaciones como...

Lleváis tiempo sin discutir con tu pareja, pero tampoco os decís lo que de verdad sentís

Estás convencido de que el problema es del otro

Los dos dormís mal, estáis agotados y no entendéis bien por qué

Lo que más te molesta de tu pareja se parece a algo que no soportas de ti mismo

Interpretáis el cansancio del otro como desinterés o falta de amor

Sientes que algo se rompió, pero no podrías señalar el momento exacto

Convivís, pero cada uno se siente solo

Preguntas y reflexiones sobre esta historia

Orientación clínica

¿Por dónde empezar si te identificas con esto?

Si esto te resuena y estás en Valencia, no hace falta tener claro de quién es la culpa para empezar a hablarlo. En Mi Faro Valencia acompañamos a parejas que sienten que algo se ha desgastado, con un primer encuentro pensado para mirar juntos qué está pasando, sin buscar culpables.

Las Rutas del Faro

La confianza se construye a través de la experiencia real de las personas y familias a quienes acompañamos.

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