Violencia filio-parental: cuando tu hijo te hace daño · Mi Faro Valencia
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Terapia familiar15 de Mayo, 2026Ale Garcia

Cuando tu hijo o hija te hace daño: lo que pocas familias se atreven a contar

Hay padres y madres que llevan meses, o años, viviendo con miedo dentro de su propia casa. Y lo primero que sienten, antes de nombrar lo que pasa, es vergüenza. La violencia filio-parental es un problema que tiene nombre, pero que pocas familias pronuncian.

Cuando tu hijo o hija te hace daño: lo que pocas familias se atreven a contar

Hay padres y madres que llegan a consulta con una frase que les cuesta mucho decir.

No es que su hijo tenga problemas en el colegio. No es que esté triste o retraído. Es que les insulta. Que les amenaza. Que alguna vez les ha empujado o golpeado. Y que llevan meses, o años, viviendo con miedo dentro de su propia casa.

Y lo primero que sienten, antes de nombrar lo que pasa, es vergüenza.

Un problema que tiene nombre pero que pocas familias pronuncian

Se llama violencia filio-parental. Es la violencia que ejercen los hijos o hijas hacia sus padres, madres o personas que ocupan ese lugar. No es nueva, pero sí es un fenómeno que ha crecido en visibilidad en España en las últimas décadas y que sigue siendo, en muchas familias, un secreto que no se cuenta a nadie.

Cada año se abren en España más de 4.000 expedientes a jóvenes por agresiones en el ámbito familiar, según la Fiscalía General del Estado. Los especialistas coinciden en que solo se denuncia una parte mínima de los casos - los padres sienten mucha culpa y muchas dudas a la hora de dar ese paso.

Lo que significa que el número real de familias que lo viven es mucho mayor. La mayoría lo silencia. Lo justifica. Espera que pase solo.

Por qué cuesta tanto nombrarlo

La violencia filio-parental va contra el guión de lo que se supone que debe ser una familia. El hijo agrede al padre. La hija insulta a la madre. Eso no encaja en ningún relato que la sociedad tenga preparado para contenerlo.

Y cuando algo no encaja, lo primero que hace una familia es dudar de sí misma.

¿Habremos educado mal? ¿Somos demasiado permisivos? ¿Demasiado exigentes? ¿Es culpa del divorcio, de la pantalla, de las amistades?

La culpa llega antes que la claridad. Y mientras la culpa ocupa todo el espacio, el problema sigue creciendo.

Según la Sociedad Española para el Estudio de la Violencia Filio-Parental (SEVIFIP), este tipo de violencia habitualmente se inicia a través de insultos y descalificaciones, después pasa a amenazas y ruptura de objetos, y puede finalizar en agresiones físicas cada vez más severas. Su principal objetivo es el control y el poder sobre las personas cuidadoras.

A quién afecta más

Según datos de la Fundación Amigó a partir de la Memoria de la Fiscalía General del Estado, la edad media de los hijos que ejercen este tipo de violencia es de 15 años y medio. En el 56% de los casos son chicos y en el 44% chicas. El 49% presenta algún tipo de adicción y el 54% ha experimentado un descenso en el rendimiento escolar.

Las madres suelen ser las víctimas más frecuentes - en parte porque asumen en mayor medida el rol de cuidado, en parte porque en muchos casos conviven solas con sus hijos. Las familias monoparentales están sobrerrepresentadas en los casos registrados.

Pero la violencia filio-parental no discrimina por tipo de familia, nivel socioeconómico ni estilo educativo. Aparece en familias nucleares, en familias reconstituidas, en hogares con mucho y con poco. Lo que comparten muchas de estas familias es el silencio y el aislamiento progresivo que genera vivir con este secreto.

Orientación familiar para violencia filio-parental en Valencia

Lo que hay detrás

Una de las preguntas que más aparece en consulta es: ¿por qué?

No hay una respuesta única. Entre los factores de riesgo identificados por FAD Juventud y la investigación especializada se encuentran la baja capacidad empática, la alta impulsividad, la dificultad para expresar emociones, el consumo de sustancias, estilos educativos poco consistentes, la presencia de conflictos entre los progenitores y la baja cohesión familiar.

Pero hay algo que los especialistas subrayan con mucha fuerza: la violencia filio-parental no es una consecuencia directa de haber educado mal. Es un patrón relacional que se instala y que se retroalimenta. Y eso significa que puede trabajarse, que puede cambiar, y que el punto de partida no es la culpa sino la comprensión de la dinámica que se ha ido construyendo.

En muchos casos hay detrás un adolescente que no ha encontrado otra forma de gestionar una angustia que no sabe nombrar. Que usa el control y la agresión como una forma de comunicación distorsionada. Que también, a su manera, está pidiendo ayuda.

La trampa de esperar

Muchas familias esperan. Esperan que el adolescente crezca y se le pase. Esperan el momento adecuado para hablar. Esperan a que la situación sea tan grave que no quede otra opción.

Pero la violencia filio-parental no tiende a desaparecer sola. Tiende a escalar. Lo que empieza como insultos se convierte en amenazas. Lo que empieza como amenazas puede convertirse en algo más.

Según la investigación de la SEVIFIP, este tipo de violencia implica elevados niveles de dolor y estrés en las familias que la padecen. Entre sus consecuencias destacan el distanciamiento entre los miembros, la identificación del agresor como el problemático y el aislamiento progresivo del entorno social.

Ese aislamiento es uno de los efectos más dañinos. La familia deja de invitar a gente a casa. Los padres dejan de contarle lo que pasa a sus amigos o familiares. La vergüenza los encierra. Y el encierro hace que todo sea más difícil.

Pedir ayuda sin denunciar

Una de las primeras preguntas que hacen los padres cuando llegan a consulta es si van a tener que denunciar a su hijo.

La respuesta es que pedir orientación psicológica y denunciar son dos cosas completamente distintas. Se puede - y muchas veces es lo más útil - buscar acompañamiento profesional mucho antes de llegar a ningún proceso legal.

De hecho, el trabajo con la familia es fundamental para cambiar la dinámica. En muchos casos, el punto de partida es trabajar con los padres - entender qué está pasando, cómo responden, qué patrones se han instalado y cómo pueden empezar a modificar su posición sin dejar de querer a su hijo.

Porque querer a tu hijo y poner límites no son cosas opuestas. Protegerte no es traicionarle. Pedir ayuda no es rendirse.

Violencia filio-parental en Valencia: cuándo buscar orientación

Si estás leyendo esto y algo resuena, hay algunas señales que indican que puede tener sentido buscar un espacio de orientación:

Cuando los insultos o las amenazas se han vuelto habituales y ya no sabes cómo responder. Cuando sientes que cambias tu comportamiento para evitar las reacciones de tu hijo. Cuando el miedo empieza a ser parte del día a día en casa. Cuando te has aislado de tu entorno porque no sabes cómo explicar lo que está pasando. Cuando lo has intentado todo y nada funciona.

No hace falta haber llegado al límite para pedir orientación. De hecho, cuanto antes se interviene, más fácil es modificar una dinámica que todavía no se ha consolidado del todo.

En Mi Faro acompañamos en Valencia a familias que atraviesan este tipo de situaciones - desde la orientación individual a padres y madres hasta el trabajo con el adolescente y la familia como sistema. Sin juicios, sin culpas, sin recetas. Desde la escucha y la comprensión de lo que está pasando en cada historia concreta.

"Pedir ayuda para ti no es abandonar a tu hijo. Es todo lo contrario."

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Preguntas frecuentes

¿Qué es la violencia filio-parental? Es la violencia física, psicológica o económica ejercida de forma reiterada por un hijo o hija hacia sus padres, madres o personas que ocupan ese lugar. Incluye insultos, amenazas, manipulación, destrucción de objetos y agresiones físicas.

¿Cuántos casos hay en España? Cada año se abren más de 4.000 expedientes a menores por este tipo de violencia en España, según la Fiscalía General del Estado. Los especialistas coinciden en que los casos reales son muchos más, ya que la mayoría no se denuncia.

¿Los padres permisivos tienen más riesgo? No hay un único perfil de familia afectada. Aparece en familias con estilos educativos muy diferentes. Lo que sí hay son dinámicas que pueden contribuir a su desarrollo, que es exactamente lo que se trabaja en el acompañamiento psicológico.

¿Es necesario denunciar para pedir ayuda? No. Buscar orientación psicológica y denunciar son procesos completamente independientes. Muchas familias trabajan el problema con apoyo profesional sin llegar nunca a ningún proceso legal.

¿Se puede cambiar esta dinámica? Sí. La violencia filio-parental no es una condena. Con acompañamiento adecuado, muchas familias logran modificar la dinámica relacional, recuperar la comunicación y reestablecer límites que protejan a todos los miembros.

¿Desde qué edad puede aparecer? Aunque es más frecuente en la adolescencia - con una edad media de 15 años - puede aparecer antes. Las señales tempranas suelen ser conductas de control y manipulación que, si no se abordan, pueden escalar.


Fuentes

  • Fiscalía General del Estado - Memoria Anual 2022/2023. Expedientes por violencia filio-parental en España.
  • Fundación Amigó - La violencia filio-parental en España. Datos 2022. fundacionamigo.org
  • INE / EVDVG 2024 - Estadística de Violencia Doméstica y Violencia de Género. Instituto Nacional de Estadística.
  • SEVIFIP - Sociedad Española para el Estudio de la Violencia Filio-Parental. sevifip.org
  • FAD Juventud - ¿Qué es la violencia filio-parental? fad.es
  • Aroca Montolío, C. (2010) - La violencia filio-parental: una aproximación a sus claves. Tesis doctoral, Universidad de Valencia.
  • Pereira, R. y Bertino, L. (2009) - La violencia filio-parental: contexto, proceso y dinámicas familiares.

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