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Adicciones y familia07 de Abril, 2026Equipo Mi Faro

Ya no sé si es él o es lo que consume: la confusión de querer a alguien que se borra a ratos

No es que esté enganchado. No ha tocado fondo. Sigue yendo al trabajo y quedando con los amigos. Pero tú llevas tiempo sin saber muy bien con quién estás cuando llega a casa. Eso también tiene nombre.

Ya no sé si es él o es lo que consume: la confusión de querer a alguien que se borra a ratos

Hay una conversación que muchas parejas no saben cómo empezar. No es por falta de ganas, ni por falta de amor. Es porque lo que están viviendo no encaja en las categorías que solemos usar para hablar de las drogas.

No hay una gran catástrofe visible. No hay deudas, ni detenciones, ni una adicción clásica que haya hecho saltar todo por los aires. Lo que hay es algo más sutil, más silencioso y, a menudo, más agotador: una sensación sostenida de no saber muy bien con quién se está conviviendo.

Es la realidad de muchas personas que comparten su vida con alguien que consume de forma habitual pero "funciona". Alguien que sigue yendo a trabajar, que cumple con sus compromisos sociales, pero que se borra emocionalmente a ratos, dejando un vacío que el otro tiene que gestionar en soledad.

Dos personas en el mismo cuerpo

Cuando hablamos con parejas en esta situación, la descripción suele ser casi idéntica: "Es como si viviera con dos personas distintas".

Por un lado está la versión que reconoces. La persona cercana, divertida, con la que puedes hablar y proyectar. La persona de la que te enamoraste. Pero, por otro lado, aparece una versión borrosa. Alguien que está físicamente presente pero emocionalmente inaccesible. Alguien que se vuelve distante, irritable o extrañamente plano.

Esta dualidad genera un estado de hipervigilancia constante. Aprendes a leer las señales antes de que abra la puerta: el tono de voz, el brillo de los ojos, la forma de caminar. Intentas adivinar quién va a entrar hoy por la casa. Y ese esfuerzo por predecir lo impredecible acaba provocando un agotamiento profundo, una fatiga que no se cura durmiendo, porque es la fatiga de estar siempre en guardia.

El problema de que todo funcione

La trampa del consumo "funcional" es precisamente que, desde fuera, parece que no pasa nada.

Él sigue rindiendo en el trabajo. Queda con sus amigos y se ríe. Ayuda en casa de vez en cuando. No hay una crisis evidente que justifique una intervención dramática. Y sin embargo, tú sientes cómo la relación se va erosionando. Notas cómo la intimidad se vuelve quebradiza y cómo las conversaciones importantes se posponen indefinidamente porque "no es el momento" o porque él "está cansado".

Es difícil señalar el problema cuando no hay un incendio, pero el humo lleva tiempo dificultando la respiración. Esa erosión lenta es la que hace que muchas parejas tarden años en pedir orientación, pensando que quizá son ellas las que exageran o que, al fin y al cabo, "no es para tanto".

Lo que el consumo hace a la intimidad

El consumo habitual, ya sea de cannabis, cocaína o alcohol, no solo afecta a quien consume; afecta al espacio que existe entre los dos.

El cannabis, por ejemplo, puede generar una desconexión sutil pero constante. Una especie de muro de cristal donde la persona parece estar en paz, pero es una paz en la que tú no tienes lugar. La conversación se vuelve superficial y la espontaneidad desaparece bajo una capa de apatía.

Con la cocaína, el efecto suele ser el contrario pero igual de dañino para el vínculo: una irritabilidad latente, una necesidad de control o una euforia artificial que deja al otro sintiéndose como un espectador de una película que no entiende. En ambos casos, lo que se pierde es la presencia emocional. La capacidad de estar realmente ahí, con el otro, sin filtros ni fugas.

La pregunta que cuesta más hacerse

Llega un momento en el que la duda deja de ser sobre el consumo y pasa a ser sobre la identidad. La pregunta que más duele hacerse es: "¿Estoy con la persona real o con la versión de esa persona que existe cuando no consume?".

Es una pregunta sobria y difícil. Porque implica reconocer que la sustancia ha pasado a formar parte de la personalidad del otro. Que sus reacciones, sus silencios y sus afectos están mediados por algo externo. Aceptar que el consumo ha ocupado el espacio que antes era vuestro es el primer paso para salir de la confusión, pero también es el que requiere más valentía.

Qué puedes hacer cuando el otro no ve el problema

Lo más desgastante de esta situación es la asimetría. Tú ves el problema, sientes el vacío y sufres la distancia. Él, sin embargo, lo minimiza o lo niega. "Es solo para relajarme", "todo el mundo lo hace", "tú siempre estás igual".

Esa negación te deja en un lugar de mucha soledad. Sientes que estás loca, que eres una exagerada o que estás rompiendo la armonía por "nada".

Pero aquí hay algo importante que debes saber: pedir orientación no requiere que el otro venga, ni siquiera que reconozca que tiene un problema. Puedes empezar tú. Buscar un espacio profesional donde poner orden a esa confusión, donde validar lo que sientes y donde entender qué lugar quieres ocupar tú en esta historia. No tienes que esperar a que él quiera cambiar para empezar a cuidarte tú.

"No hace falta que sea un adicto para que su consumo esté dañando la relación. A veces basta con que sea habitual. Con que haya pasado a ocupar el espacio que antes ocupabais vosotros."


Orientación para parejas en Valencia

Si llevas tiempo con esa sensación de no saber muy bien con quién estás, no tienes que esperar a que la situación tenga un nombre más claro para buscar orientación. En Mi Faro acompañamos a personas y parejas que están en ese punto de confusión: donde algo no va bien pero no hay un hecho concreto al que señalar. Puedes venir tú sola. No hace falta que venga él.

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Mar adentro es el espacio editorial de Mi Faro. Textos y reflexiones sobre psicología en Valencia, salud mental, terapia de pareja, orientación familiar, procesos de acompañamiento y adicciones.


Preguntas frecuentes

¿Es un problema el consumo de drogas si la persona sigue funcionando con normalidad?
Sí, puede serlo. La "funcionalidad" (mantener el trabajo o las relaciones sociales) no significa que el consumo no esté teniendo un impacto profundo en la salud emocional y en la calidad de los vínculos íntimos. El daño suele ser interno y relacional antes de volverse socialmente visible.

¿Cómo afecta el consumo habitual de cannabis a una relación de pareja?
Suele generar una desconexión emocional sutil. La persona puede volverse apática, perder el interés por proyectos comunes o mostrar una dificultad para gestionar conflictos, refugiándose en el consumo para evitar el malestar, lo que deja al otro miembro de la pareja sintiéndose solo.

¿Cómo afecta el consumo habitual de cocaína a la pareja?
A menudo provoca cambios bruscos de humor, irritabilidad, suspicacia y una comunicación defensiva. También puede alterar los ritmos de sueño y la estabilidad económica, generando un clima de desconfianza e inestabilidad en el hogar.

¿Puedo buscar orientación yo sola si mi pareja no cree que haya un problema?
Absolutamente. De hecho, es lo más frecuente. Trabajar sobre cómo te afecta a ti la situación, establecer límites y recuperar tu propio bienestar es fundamental, independientemente de si la otra persona decide o no iniciar su propio proceso.

¿Cuándo el consumo de la pareja se convierte en un motivo para pedir ayuda profesional?
Cuando sientes que la relación se está erosionando, cuando vives en un estado de alerta constante, cuando la comunicación se ha roto o cuando sientes que ya no reconoces a la persona que tienes al lado. No hace falta esperar a una crisis mayor para buscar claridad.


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